Viajar a Islandia en verano fue una de esas decisiones que no se olvidan
La primera vez que pisé Islandia en verano todavía llevaba en la cabeza la idea de “frío extremo, nieve y viento constante”. Pero la realidad me sorprendió desde el minuto uno: aire fresco, temperaturas agradables y una sensación de libertad que hacía tiempo que no sentía en un viaje.
Venía de varios veranos en el sur de Europa donde el calor se vuelve agobiante, y aquí fue como cambiar de mundo. De hecho, recuerdo perfectamente salir del aeropuerto de Keflavík y respirar hondo sin esa sensación de bochorno. Ya solo eso te cambia el estado de ánimo.

Reykjavik como base y primeras sensaciones
Me alojé en Reykjavik los primeros días en un hotel sencillo pero muy cómodo, el Center Hotels Plaza, que me pareció perfecto por ubicación. No es un lujo exagerado, pero para moverte andando y tener todo cerca lo recomiendo sin dudar.
Lo que más me gustó fue salir a caminar por la ciudad sin prisas, tomar un café caliente en mitad del verano mientras fuera hacía 15 grados y pensar “vale, esto es otra liga”. Si eres de los que sufren el calor, aquí literalmente desconectas.

El Círculo Dorado: naturaleza que parece de otro planeta
Uno de los días más impactantes lo dediqué al famoso Círculo Dorado. Lo hice en coche alquilado, algo que te recomiendo muchísimo porque te da libertad total.
Paré en Thingvellir, luego en Geysir y finalmente en Gullfoss. Cada parada tiene algo que te hace parar el coche antes de tiempo solo para mirar.
En Gullfoss me quedé un buen rato sin decir nada, simplemente escuchando el agua caer. Es uno de esos momentos en los que entiendes por qué la gente vuelve a Islandia una y otra vez.

Consejos que te daría si fueras conmigo
Si te soy sincero, no subestimes la chaqueta incluso en verano. Yo pensaba que exageraban, pero el viento aquí tiene personalidad propia.
También te diría que no intentes “verlo todo”. Islandia no es un país para correr, es para absorberlo. Cada carretera secundaria te puede regalar un paisaje que no estaba en ningún plan.
El sur de Islandia: cascadas y paisajes que no parecen reales
La ruta hacia el sur fue probablemente lo más fotogénico del viaje. Seljalandsfoss, Skógafoss… lugares que has visto mil veces en fotos, pero que en directo tienen otra escala.
En Seljalandsfoss incluso puedes caminar por detrás de la cascada. Salí completamente empapado, pero con una sonrisa que no se me quitaba en todo el día.

Organización del viaje (7 días ideales)
Si tuviera que repetirlo, lo haría así:
**Día 1-2: Reykjavik**
– Paseo por la ciudad
– Relax, comida local
– Aclimatarse al clima
**Día 3: Círculo Dorado**
– Thingvellir
– Geysir
– Gullfoss
**Día 4-5: Costa sur**
– Seljalandsfoss
– Skógafoss
– Playas negras de Vík
**Día 6: Glaciares o lagunas**
– Excursión a glaciar
– Opcional: Jökulsárlón
**Día 7: regreso tranquilo**
– Últimos paseos
– Compras y relax
Una sensación que me llevé de Islandia
Más allá de los paisajes, lo que me quedo es la sensación de viajar sin agobios. Sin calor, sin prisas, sin ruido. Islandia en verano no es un destino barato ni perfecto, pero es de esos lugares que te recolocan un poco por dentro.
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